Velas
Cera de opérculo, la más clara. Sola o mezclada con una parte pequeña de otra cera vegetal para moldes con mucho detalle. Pabilo de algodón sin tratar.
Cera y velas
La cera sale de dos sitios: de los opérculos que se cortan al desopercular los cuadros de miel, y de los panales viejos que se retiran de las colmenas. La primera es la más clara y la que va a las velas; la segunda, más oscura, va a los bloques para taller. Ninguna viene de fuera del apiario.

Los opérculos se escurren primero en una malla para recuperar la miel que traen pegada, y se lavan con agua limpia. Luego se funden al baño de agua —nunca a fuego directo, porque la cera se quema y se oscurece— y se dejan reposar para que la suciedad pesada baje al fondo. La cera líquida se pasa por una tela de trama cerrada, se vuelve a fundir y se pasa por segunda vez por una tela más fina. Solo entonces se vierte en los moldes.
Los moldes se dejan enfriar despacio y tapados, porque un bloque que se enfría rápido se raja por el centro. Al día siguiente se desmolda, se raspa la base para retirar el sedimento que haya quedado y se pesa. Ese peso es el que va en la cotización.
El bloque de un kilo se vende por unidad o por caja de diez; el de cinco kilos por unidad. Cada bloque va envuelto en papel y marcado con su cosecha.

Un panal nuevo, recién estirado por las abejas: la cera sale casi blanca y se oscurece con cada ciclo de cría y de miel.

Celdas cerradas con opérculo: esa tapa de cera es la que se corta al desopercular y la que después se funde.
A qué temperatura se trabaja. La cera de abeja se funde entre sesenta y dos y sesenta y cuatro grados centígrados. Para verter en moldes conviene tenerla entre sesenta y cinco y setenta y cinco grados; por encima de ochenta y cinco empieza a oscurecerse y a perder olor, y cerca de los doscientos grados puede inflamarse. Por eso se trabaja siempre al baño de agua y con termómetro a mano.
Nuestros clientes de cera en bloque la usan principalmente para estas cosas. Le decimos cuál de las dos ceras —la de opérculo o la de panal viejo— conviene para cada uso.
Cera de opérculo, la más clara. Sola o mezclada con una parte pequeña de otra cera vegetal para moldes con mucho detalle. Pabilo de algodón sin tratar.
Cera de panal viejo, fundida con aceite de linaza o con trementina vegetal, para tablas de cocina, muebles y mangos de herramienta.
Betunes y grasas para botas, monturas y correas, y lona encerada para mochilas y delantales de taller.
Tela de algodón impregnada con cera de opérculo, resina y un poco de aceite, para envolver pan y queso en lugar de plástico.
Un bloque seco sirve para encerar tornillos, cajones, sierras de mano y hilo de coser cuero.
La cera más limpia de cada cosecha se reserva para estampar las láminas que van en los cuadros de las colmenas.
Ver las láminasLas velas se moldean en la finca con la cera de opérculo de la última cosecha y pabilo de algodón. Son de cera pura: no llevan parafina, ni colorante, ni fragancia añadida. Huelen a lo que huele la cera, que es a miel y a panal, y ese olor se nota especialmente al apagarlas.
| Vela | Medidas aproximadas | Tiempo de quemado | Empaque |
|---|---|---|---|
| Cirio de mesa | Veinte centímetros de alto por poco más de dos de diámetro | Una velada larga; dos si se apaga a la mitad | Caja de doce |
| Velón corto | Ocho centímetros de alto por seis de diámetro | Varias noches seguidas de una o dos horas | Caja de seis |
| Vela de panal enrollada | Diez centímetros de alto, hecha de lámina estampada enrollada | Una cena, más o menos | Caja de doce |
| Velita de té | Del tamaño de la cazuela de aluminio corriente | Una tarde | Bolsa de veinticuatro |
El tiempo de quemado lo damos en palabras y no en horas exactas porque depende del pabilo, de la corriente de aire y de si se recorta la mecha. Una vela de cera de abeja quema más despacio que una de parafina del mismo tamaño y con una llama más quieta.
La cera nueva es casi blanca. Se vuelve amarilla por el polen y el propóleo que las abejas incorporan, y el amarillo va de pálido a dorado intenso según la floración de esa cosecha: la cera de cafetal sale más pálida y la de eucalipto más subida. Como no blanqueamos ni teñimos, dos cajas de velas de cosechas distintas pueden verse diferentes. Es lo esperable, y lo decimos en la cotización cuando una tienda pide reponer.

Cera de celda vista de cerca: es esta cera, la que fabrican las abejas, la que se funde y se vierte en los moldes.
Las láminas se estampan con celda de obrera en una prensa de rodillos, con la cera de opérculo más limpia de la cosecha. Se cortan a la medida del cuadro estándar de cría y del cuadro de media alza, listas para fijar con alambre caliente en cuadros alambrados. Cada lámina va separada por papel para que no se peguen con el calor del transporte.
Conviene guardar los paquetes en un sitio fresco y plano, y entibiarlos con la mano antes de fijarlos si están rígidos. Las láminas de nuestra cera no llevan parafina ni cera de otro origen, y por eso las abejas las estiran sin dejar el pie de celda sin trabajar.
Díganos cuántos kilos, cuántas cajas o cuántos paquetes, y para qué uso. Le respondemos con lo que hay de la última cosecha y su peso exacto.